“Torres y Garcia” Rte, Sevilla


Entro al Restaurante (15:25 horas) a almorzar, me recibe un camarero muy amable, al cual le pregunto si es muy tarde y me dice que no hay ningún problema y me ofrece sentarme en un par de mesas, eligiendo la más tranquila a la izquierda de la puerta en un pequeño espacio frente a lo que parece un office o cocina con 2 empleados siempre dentro que parecen los encargados.

Local muy grande con varias salas y mucha profundidad. Parece que no hay barra. Estilo moderno y desenfadado, nada de lujos, pero todo muy actual, muy chic, muy gastrobar. Mucho cristal en la entrada, mucha luz, madera clara estilo Ikea en las paredes y ladrillo visto, cuadros pequeños colocados simétricamente, algunos macetones grandes con plantas altas muy bonitos y alguna lámpara circular colgada del techo. En los techos muchos conductos de aire/ventilación de metal, creo que circulares qu se ven mucho últimamente y me recuerdan a ciertas películas americanas de hace unos años. Mesas en mi zona todas en madera redondas y pequeñas, para máximo 2 comensales, sin ningún tipo de mantel. 

Bastante concurrido el resto de zonas del restaurante y mucha circulación de empleados. Aun estando al final de la jornada de la jornada, se ve todo limpio y en su sitio, ordenado, correcto, sin ningún olor. No recuerdo si hay música ambiente, creo que no.

La mesa se presenta con un servicio para 2 comensales ya montado que consiste en un plato totalmente descascarillado blanco con el filo azul, que aunque acorde con el estilo del local, no me parece presentable. Observo que los platos del resto de mesas están igual. Una servilleta de papel serigrafiada, cuchillo y tenedor encima que no destacan por nada, ni bueno ni malo, simplemente correctos y un posavasos blanco y rosa delante.

Empleados todos prácticamente en vaqueros y zapatillas de deporte, con un polo manga larga verde y un mandil colgado del cuello y amarrado en la cintura en color marrón claro, todos jóvenes, todos modernos y variopintos, pero dan la impresión de agradables, al menos los camareros.

Me traen la carta y una cola cero paga apagar mi gran sed en un vaso curioso como de los de casa de toda la vida, pero que va con el estilo del local. Lo curioso es y me coloca el vaso y el botellín fuera de un posavasos que estaba sobre la mesa al llegar, y sin servir la bebida. También deja unas pequeñas aceitunas en un pequeño recipiente con plato debajo que no están mal.

Pregunto de lejos al empleado que está dentro de lo que parece el office o cocina si hay wifi para clientes y me contesta que no de una forma poco agradable.

Pan bastante bueno, como de pueblo, una pizca crudo, aunque traen poca cantidad, solo una rebanada y acompañado de una bolsa de picos y regañas que también están muy buenos. La cestita volvemos la típica de mimbre/tela típica de productos de acogida de hoteles pequeños o rurales.

Carta de vinos bastante extensa, dividida en 2 paginas, la primera por copas con 22 referencias (lo cual son muchísimas, pero en mi opinión no bien seleccionadas en un 70% en tipos de vinos, DO, ni en maridajes con su carta) y la segunda por botellas con 23 referencias. Creo que tiene muchos vinos de Tierra Nuestra y alguna referencia que entiendo solo puede venir de Delatierra.

Le pregunto al camarero que me recibió al principio por su recomendación y me pregunta si tengo mucha hambre, y amablemente me ofrece fuera de carta el plato del dia, arroz con calamares, pero tras comentar varios platos, me decido por el Arroz cremoso de verduras, queso payoyo y crunchy de trigo sarraceno. Me comenta que está hecho con calabacín y acepto. Me lo traen a los 5 minutos en un bol de metal que aunque es muy del estilo del local, parece de los soldados de la segunda guerra mundial en las trincheras, solo le falta tener algún bollo… De sabor me sorprende porque está muy rico, aunque tengo que dejarlo enfriar un poco porque está muy caliente, sobre todo destaca el crujiente que le da un toque muy original.

Cuando voy terminando, vuelvo a dejarme aconsejar por el segundo plato con el camarero agradable y tras quedarnos con Pulpo a la parrilla, hummus agripicante de aji amarillo e higos (aunque en la carta pone: “y higos”) y Mollejas de ternera con puré de chirivías y espárragos trigueros, me decanto por las Mollejas. Y antes de irse le pido una copa de vino y me recomienda “Les Cousins” del Priorato. Pasados 2 minutos la chica que estaba dentro del office sale y me llena una copa de mala calidad y bastante gruesa en abundancia. Lo pruebo y me parece bueno, con algo de cuerpo y característico de la zona. Y me dedico a esperar la carne… Tras 25 minutos esperando, extrañado, veo de nuevo al camarero y al darse cuenta que no tengo nada en la mesa aun, va al office rápidamente a preguntar por mi plato y viene a disculparse diciéndome que lo están emplatando, a lo que le respondo que gracias y que si no está sobre la marcha, me veré obligado a marcharme, comentándole que no hay problemas, que no se preocupe. Hasta aquí todo más o menos bien. Vuelven a pasar 10 minutos, de reloj, me levanto, recojo mis cosas y me acerco a la barra interior de office donde está el camarero y le pido la cuenta y este la pide al señor de dentro que me dijo lo del wifi a mi llegada.

Me sacan la cuenta y veo que me cobran la copa de vino y le digo que esta entera, ya que casi ni la he probado esperando a la carne, a lo que tras comprobarlo, me pide disculpas el camarero y le pide al señor del office que lo rectifique. El señor del office pregunta que pasa por lo bajo al camarero, todo con muy mala expresión y comenta que bueno, que no me han cobrado el plato, como si eso fuera suficiente. No se si este señor es el encargado, pero no recibí la mas mínima explicación o disculpa por su parte y solo me ofreció su cara de malestar y crítica.

Ante eso recojo mi vuelta, mi ticket, me despido del camarero y me marcho a las 16:25 horas con algo de hambre, la verdad! 

Conclusión: El sitio me gusta, aun siendo grande y con mucho trasiego, lo mantienen limpio, ordenado y sin mucho ruido ni alboroto, debe tener buena acústica o insonorización, el camarero aunque pareciera cansado, mas de ánimo que físicamente, fue muy amable y profesional, pero es totalmente improcedente que me fuera sin comer con un error de ese tipo, sin decirme toda la verdad (se les olvido mi plato o lo retrasaron por algún motivo) y sin al menos una disculpa por parte del encargado, sino una mala cara y reproche por su parte, lo cual es el principio del fin en cualquier negocio con servicio cara al público. Quizás le de otra oportunidad en un futuro, pero antes he de probar muchas más experiencias que tengo pendientes.

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