Se acabaron estas atípicas Navidades y tocaba volver a mi lugar de trabajo. Esta vez y debido al maldito covid, no he tenido casi opción de disfrutar de ninguna de las ciudades por las que he pasado, incluso habiendo tenido que pasar noche fuera, pero así está el panorama actualmente y solo nos queda esperar, que ya queda un poco menos o eso esperamos todos, para volver a algo parecido a lo que vivíamos antes y poder disfrutar de la vida de nuevo, por ejemplo a través de los viajes.
Salí de Sevilla, tras cancelarse mis vuelos a París vía Madrid, ya que además del covid, esta vez me ha tocado el fenómeno meteorológico «Filomena» que ha dejado nevadas como no se veían en España desde antes de que naciera en los años 70 del siglo pasado…
Así que tuve que cambiar y llegar a París, esta vez vía Lisboa, donde solo pude estar unas horas sin darme tiempo para prácticamente nada…y aterrice en París finalmente pasadas las 23 horas de la noche, con un toque de queda efectivo a partir de las 20 horas, con lo cual tanto las estaciones de metro como las calles parecían decorados fantasmas de una película de miedo.



Me aloje en un hotel de 3 estrellas del centro, no sé muy bien si pertenece al Barrio Latino (Distrito V) o a Saint Germain (VI), a escasos metros de la maravillosa y con un muy adelantado trabajo de reconstrucción de la Catedral de Notredame. Habitación pequeñita, de escasos 12-14 metros cuadrados, como es normal en el centro de Paris, pero con una magnifica cama y ducha, siempre lo más esencial en un hotel, aparte de la situación y servicio, aunque para solo unas horas como yo iba, es lo que necesitaba.



Así que como era tarde, me fui rápidamente a la cama y coloque la alarma a las 6:00 para así madrugar y poder dar un paseo por París, y llegar al Sacre Coeur o Sagrado Corazón, en el barrio de Montmartre (XVIII) para ver desde allí el amanecer sobre la ciudad. Todo ello sin casi turistas, ni bares o restaurantes abiertos, más que algunos pequeños locales que ofrecían servicios de café y bollería local. Salí sobre las 7 del hotel y allá que me fui andando dirección norte, por el Boulevard du Palais, cruzando el río Sena y dejando a mi derecha Notre Dame y algo más adelante la Sainte Chapelle, mis dos iglesias favoritas de París, aun todavía con noche cerrada.


Ya camino hacia arriba, continué por el Boulevard de Sebastopol y me dediqué a observar todo el esplendor de la ciudad, sin casi tráfico de ningún tipo, me cruce algún bus y algunos pocos coches, (hay que tener en cuenta que era Domingo), y 2 o 3 personas como máximo hasta casi mi llegada a la Basílica del Sacre Coeur. También me encontré alguna hamburguesería de origen norteamericano abierta, pero ni me asome a ver que podían ofrecer…
En esa primera hora disfrute de un cafe con un croissant que me supo a gloria en una bonita y pequeña «boulangerie» atendida por una chica típicamente parisina, poco amigable y falta de todo tipo de interés a la hora de atenderme.




Las últimas calles camino a mi destino se vuelven bastante empinadas y hay que subir un tramo ultimo de escaleras, si no quieres tomar el funicular, que te muestra lo en forma que esta uno o no, para ese tipo de esfuerzos y debo decir que aunque no he hecho nada de deporte en todas las Navidades, supere la prueba con nota.

En el Sacre Coeur me encuentro solo algunas poquitas personas, en su mayoría bastante jóvenes, unos haciendo deporte y el resto disfrutando como yo, de las vistas de París y su bonito amanecer.
Tras unos minutos, que no son más de 30 pero seguro que no menos de 20, y seguramente debido al frío, (hacía – 4 grados ese amanecer) me decido a entrar en la Basílica, recordándome el empleado de la puerta que debo quitarme el gorro de lana que llevo para protegerme del frío, como señal de respeto y por ser un lugar de culto.













El interior me lo recorro de arriba abajo, sentándome en casi cada espacio o pequeño recoveco, observando cada vidriera, cada estatua, cuadro o detalle arquitectónico, así como finalmente agradecerle al señor todo lo bueno de esta vida y pedirle que nos ayude en este año 2021 post-covid tan duro e ilusionante que tenemos por delante.

Chapelle Saint-Michel 








Antes de marcharme camino del hotel a recoger la maleta e ir direccion al aeropuerto Charles de Gaulle, paso por la famosa Place du Tertre ó plaza de los pintores, donde no hay absolutamente nadie, mas que una pequeña boulangerie de esquina, con una familia de 2 niños pequeños, una pareja dándose arrumacos a estas horas, un abuelete desayunando y un señor paseando el perro y comprando el pan. Me pediré un capuchino, para que el camino de vuelta al hotel se me haga mas agradable.


Y esto es todo en mi rápida y escasa visita a Paris, la ciudad del amor, que con esta ya van si no me equivoco, 34 las veces que la he visitado a lo largo de mi vida, y que cada vez que voy, para mi es casi como si fuera la primera, ya que siempre me ofrece algún nuevo rincón o persona agradable que descubrir. Feliz 2021 a todos.


Torre Eiffel desde Montmartre








Siempre!
Paris es increíble! 😍
Siempre nos quedará París…!
Siempre impresionante!