✨ Ruta, ritmo y sensaciones
Después de mis dos primeras entregas del viaje al sur de Francia con mis hijos, esta tercera y última parte continúa nuestro recorrido por algunas de las joyas históricas más impresionantes de la región: el imponente Pont du Gard, la solemnidad papal de Aviñón, el encanto romano y artístico de Arlés y la elegancia vibrante de Montpellier.
Un viaje que, más allá de los monumentos, ha sido sobre todo tiempo en familia —mis hijos, mi pasión—: conversaciones tranquilas, buenos platos, paseos sin prisa y esa sensación de disfrutar, quizá yo más que nadie, de cada momento.

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🏛️ Pont du Gard: ingeniería romana y un río que invita a quedarse
Construido en el siglo I d.C., el Pont du Gard fue una de las grandes obras hidráulicas del Imperio romano, levantado para llevar agua desde Uzès hasta Nemausus (Nimes). Visto desde abajo, sus tres niveles de arcos parecen desafiar los siglos; visto desde arriba, el valle se abre con una serenidad increíble, permitiendo ver kilómetros de paisaje mediterráneo.
Subimos hasta la parte más alta solamente David y yo, donde las vistas sobre el río Gardon son de postal. A lo lejos se distingue el Château de Saint-Privat, una finca histórica que muchos confunden con una fortaleza medieval.

Desde esa altura, el agua quieta, la vegetación dorada y esa luz limpia del sur de Francia componen una imagen difícil de olvidar. Abajo, nos metimos en el río, refrescándonos los pies sobre un fondo arcilloso y resbaladizo.
Aunque había bastante gente, el ambiente era tranquilo: familias y viajeros como nosotros, disfrutando del lugar sin prisas.

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👑 Aviñón: la ciudad de los Papas y la majestuosidad de su plaza
Aviñón impresiona incluso antes de entrar en su casco histórico, pero caminar hacia la explanada donde se alza el Palacio Papal impresiona. Durante el Papado de Aviñón (1309–1377), la ciudad fue sede del Papado, lo cual explica la monumentalidad del palacio: austero, militar, casi inexpugnable.
Llegamos casi de noche y entramos por detrás del palacio, subiendo callejuelas preciosas hasta desembocar en la gran plaza. La primera visión del edificio iluminado, enorme y vertical, me sorprendió incluso más de lo esperado.
Había un mercadillo italiano lleno de productos artesanales —quesos, panes, aceitunas— y compramos algunas cosas para picar mientras anochecía frente al palacio, teñido de ese color ocre tan característico del Mediterráneo.





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🌙 Arlés de noche: cena típica y paseo junto al anfiteatro
Llegamos a Arlés con la noche cerrada y nos alojamos en una casa preciosa frente al Foro Romano, con una anfitriona encantadora.
Elegimos un restaurante típico donde no pude resistirme a la daube de taureau, uno de los platos emblemáticos de la Camarga: guiso de toro cocinado a fuego lento con vino tinto y especias, profundo y delicioso.

Viajar con hijos adolescentes tiene algo especial: cada uno vive el destino a su manera, pero los recuerdos se convierten en un hilo común que nos une en el tiempo.
Después de la cena paseamos hacia el anfiteatro romano, iluminado y majestuoso. Las sombras entre los arcos, la textura de la piedra y su estructura ovalada crean un ambiente casi teatral.


📜 Historia breve del anfiteatro y de Arlés
- El anfiteatro de Arlés fue construido en el año 90 d.C., inspirado en el Coliseo de Roma. Tenía capacidad para más de 20.000 espectadores y fue escenario de luchas de gladiadores, carreras y espectáculos públicos.
- En la Edad Media se convirtió en una pequeña fortaleza habitada, con casas y hasta dos capillas dentro del recinto.
- Hoy es uno de los monumentos romanos mejor conservados de Francia y aún se utiliza para eventos culturales.
Arlés, por su parte, fue una ciudad clave en la Galia romana, conocida por su puerto en el Ródano y por su vida artística siglos después, cuando Van Gogh la convirtió en su refugio creativo.
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🌞 Arlés al amanecer: Van Gogh, historia romana y un desayuno muy francés
A la mañana siguiente recorrimos Arlés con calma. Entramos en la Iglesia de San Trófimo, donde los niños encendieron velas de rigor; paseamos por la Plaza del Ayuntamiento y nos dejamos llevar por calles estrechas llenas de comercios, flores y terrazas.
Elegimos un bonito café para desayunar, atendido por una simpática francesa que hablaba español: baguettes recién hechas, zumo, café y esa calma de las mañanas otoñales en Francia.
Pero Arlés es inseparable de Van Gogh: aquí vivió una de sus etapas más prolíficas, creando muchísimas pinturas y dibujos que hoy se consideran de lo mejor de su obra. En la ciudad aún se reconocen escenarios ligados a piezas tan icónicas como «La terraza del café por la noche«, «La Casa Amarilla» o el jardín del antiguo hospital, que visitamos.
Ese espacio, lleno de color y vegetación, parece salido directamente de sus pinceles: galerías amarillas, sombras suaves y un silencio que invita a observar sin prisa.
Antes de partir, Alejandra y María compraron ropa en una boutique local y yo encontré unos pantalones verdes de lino, perfectos para seguir viajando ligero y para mi vida actual en el Caribe, donde precisamente estoy preparando un artículo sobre cómo vestir en clima tropical.







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🏰 Montpellier: monumental, elegante y con un mensaje social en sus calles
Nuestra última parada antes del aeropuerto fue Montpellier, una ciudad sorprendentemente viva y elegante. Visitamos la imponente Catedral de San Pedro, el Arco del Triunfo, los restos del acueducto y las plazas del centro histórico, todas con un aire joven y dinámico.
Almorzamos en el centro: Alejandra optó por un plato asiático mientras el resto disfrutamos de foie, quesos y vino francés. Una comida sencilla pero rica, en sintonía con el ritmo tranquilo del viaje.
Uno de los detalles que más nos llamó la atención fueron las paredes con zapatos colgados como símbolo contra la violencia hacia las mujeres. Un gesto fuerte e inesperado, que añade una dimensión social y humana en medio de la belleza monumental de Montpellier.









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Con Montpellier cerramos la ruta… y, sin darnos cuenta, también cerramos el viaje.
✨ Conclusión: un viaje lleno de historia, familia y momentos para recordar
Este tramo final del viaje por el sur de Francia ha sido la mezcla perfecta de historia romana, paisajes increíbles y ciudades llenas de carácter.
Pero, sobre todo, ha sido un viaje para estar juntos: sin prisas, sin obligaciones, disfrutando de cada parada, de cada conversación y de cada pequeño detalle.
Pusimos rumbo a Sevilla pensando que el próximo destino está cerca. Probablemente será Sierra Nevada en enero, cuando regrese a mi ciudad. Cambiaremos el azahar por la nieve, pero manteniendo lo más importante: viajar en familia mientras podamos.
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📌 Recomendaciones finales
⭐ Lo que no te puedes perder
- Subir a la parte superior del Pont du Gard.
- El atardecer en la plaza del Palacio Papal de Aviñón.
- La daube de taureau en Arlés.
- Los espacios de Van Gogh en la ciudad.
- El anfiteatro romano y las calles antiguas de Arlés.
- La entrada monumental de la Catedral de Montpellier.
🕒 Consejos rápidos antes de ir
- Pont du Gard: mejor por la mañana o al final del día.
- Aviñón: evita las horas más calurosas.
- Arlés: combina paseo nocturno y visita matutina.
- Montpellier: reserva al menos media mañana para recorrerla bien.
👨👩👧👦 Para quién es este viaje
- Familias que disfrutan de historia y naturaleza.
- Viajeros que aprecian ciudades pequeñas con encanto.
- Amantes del arte, especialmente de Van Gogh y del legado romano.
- Quienes buscan una ruta agradable y variada para hacer en coche.

Si has llegado hasta aquí, gracias por acompañarnos en esta ruta: ha sido la última entrega del viaje.

