El viaje al sur de Francia con mis hijos comenzó entre paisajes bañados por el sol, pueblos de piedra dorada y el sonido del idioma francés en cada esquina. De Narbona a Carcassonne, cada parada fue una mezcla de historia, gastronomía y momentos familiares que guardaremos siempre.
🏰 Narbona y Carcassonne: primera etapa del viaje al sur de Francia con mis hijos
El viaje comenzó una tarde calurosa en el aeropuerto de Sevilla, con pocas maletas preparadas y la ilusión de los niños ante una nueva aventura. Despegamos a las 15:50h rumbo al sur de Francia, y en apenas dos horas —a las 17:50 h— ya estábamos aterrizando en Montpellier, punto de entrada de nuestra ruta (aunque la visita a la ciudad la dejamos para la segunda parte del viaje).
En el aeropuerto recogimos el coche de alquiler, un SUV amplio y cómodo, y emprendimos rumbo hacia el oeste. La carretera nos llevó entre viñedos, colinas suaves y pueblos de piedra dorada, bañados por la luz cálida del atardecer.
📍 Narbona en familia: sabores y paseos por el sur de Francia
☕ Parada en Narbona
A mitad de camino hicimos una parada en Narbona, bonita ciudad del Languedoc que conserva la elegancia arquitectónica del sur de Francia. Aparcamos junto al canal, paseamos por su casco histórico entre calles adoquinadas y plazas demasiado tranquilas para la hora que era, hasta llegar a la Catedral de Saint-Just-et-Saint-Pasteur, una joya gótica que domina el horizonte.
Nos sentamos en una terraza para tomar café y croissants, disfrutando de la amabilidad de la población, dato curioso en Francia, debe ser por estar al sur cerca de la madre patria.

📍 Trayecto del día: Montpellier → Narbonne → Carcassonne (unos 160 km, aprox. 2 h con parada incluida)
🏰 Carcassonne con hijos: entre murallas, historia y leyenda
🌆 Llegada a Carcassonne
Ya recién entrada la noche llegamos a Carcassonne, con la Cité Médiévale iluminada como una postal. Las murallas y torres parecían flotar sobre la colina, envueltas en un ambiente mágico.
Nos alojamos en una bonita y acogedora casa junto a la ciudadela, rodeada de árboles y con un pequeño jardín desde el que se veían las torres medievales. Tras dejar las maletas, salimos a cenar en el restaurante Auberge des Lices, uno de los más agradables dentro de las murallas.
La cena fue una experiencia deliciosa y muy francesa: foie de pato y cassoulet, el plato típico del Languedoc elaborado con alubias, pato confitado y embutido. Todo maridado con vinos locales que resaltaban los sabores del sur, mientras mi pequeño brindaba feliz con Sprite.


Me alegra poder transmitir a mis hijas la liturgia y la experiencia de uno de los grandes placeres de la vida: el vino.
El tiempo era fresco y las noches frías, algo que se notaba especialmente viniendo del calor que aún hacía en Sevilla en pleno octubre. Aun así, después de cenar dimos un paseo por la Cité iluminada, casi desierta a esas horas, hasta encontrar el único local abierto, donde nos tomamos unos helados y crêpes calientes.

🌙 Noche tranquila y un momento especial
De vuelta en la casa y al quedar pronto dormidos mis hijos tras el largo día de viaje, me senté en una mesa en el jardín exterior con vistas a la ciudad medieval, donde solo se oía el silencio de la historia, iluminado por las luces de las murallas.
Disfruté de un habano de una forma relajada pensando en mis cosas con una sensación de paz cerca de mis hijos en familia que siempre recordaré.
⛪ Amanecer y visita a la Basílica de Saint-Nazaire
A primera hora de la mañana cruzamos la puerta de entrada a la Cité, justo frente a nuestro apartamento, y en pocos pasos llegamos a la Basílica de Saint-Nazaire. Fue lo primero que visitamos ese día, antes incluso del desayuno.
El templo, mezcla de estilos románico y gótico, impresionó incluso a mis hijos. Sus vitrales góticos, entre los más antiguos del sur de Francia, llenaban el interior con una luz suave y colorida.
Me quedé unos minutos observando cómo el sol se filtraba a través de los rosetones y las figuras talladas en piedra, al tiempo que mis hijos encendían alguna vela por el recuerdo de su abuelita recién fallecida pensé y le pedí a Dios, como en cada iglesia, en cada viaje, un futuro mejor para mí y para los míos.




🥐 Desayuno en la boulangerie de la Cité
Tras la visita, caminamos hasta una boulangerie en el corazón de la ciudad medieval, donde muchos hoteles y cafés locales compran su pastelería, incluido el cercano Hôtel de la Cité MGallery Carcassonne, hotel más destacado de la Cité, con precios por noche superiores incluso a los mil euros.
Nos atendió una pastelera muy simpática, y desayunamos croissants, pain au chocolat y café au lait, además de comprar algunos caramelos de color morado para el paseo posterior por la Cité.

🏰 Paseo entre murallas y leyendas
Con energía renovada, comenzamos nuestro recorrido por las calles de la Cité de Carcassonne, una de las fortalezas medievales mejor conservadas de Europa y Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Las plazas y calles de Carcassonne son increíbles, parecen sacadas de una película de la Edad Media con caballeros y princesas.
Sus tiendas están llenas de recuerdos, armaduras y disfraces medievales y hacen las delicias de mi hijo…e incluso de las niñas, que ya son mayores, pero disfrutaban curioseando entre espadas, joyeros y miniaturas tanto como su hermano, fascinado con los cascos y escudos de caballeros.
Antes de seguir la visita, compré unas tazas de café de recuerdo y a David le regalé un tirachinas, que le encantó y no soltó en todo el viaje: su pequeño tesoro francés.








👑 La leyenda de Dame Carcas
El recorrido terminó en la Porte Narbonnaise, con el cementerio al frente y la imponente estatua de Dame Carcas a la entrada. Para mi sorpresa, David ya conocía la historia perfectamente: me contó quién era la dama que salvó la ciudad y cómo hizo sonar las trompetas al final del asedio.
Le escribimos a su profesor, Luisma, muy amigo mío desde los tiempos en que jugábamos al fútbol en el colegio Portaceli, y le enviamos una foto junto a la estatua de Dame Carcas. Luisma respondió encantado: era justo la leyenda que habían trabajado en clase.


🚗 Rumbo a Toulouse
Ya sobre las 12 del mediodía, nos despedimos de Carcassonne con el corazón lleno de experiencias y la cámara repleta de recuerdos. Subimos al coche rumbo a Toulouse, la siguiente etapa del viaje al sur de Francia con mis hijos.
✨ Conclusión
Narbona nos pareció una ciudad muy bonita, elegante y tranquila, perfecta para un pequeño paseo y un café.
Carcassonne fue, sin duda, una de las que más les gustó a los niños y también a mí, aunque ya la conocía de antes. Tiene ese encanto medieval, como de una película, que nunca se pierde, incluso para quien regresa.
Sin duda, esta primera parte del viaje al sur de Francia con mis hijos fue el comienzo perfecto, lleno de historia, familia y momentos que siempre guardaremos.



Espectacular! 😍