Hace unos días me propuse visitar todos esos pequeños rincones de la isla de Djerba que aun tras más de 2 años aquí, tenía pendientes. Aprovechando o gracias al cierre de fronteras interiores en todo Túnez, me alquilé un coche por el módico precio de 50dt-17€, y me medio prepare una ruta con la que dar la vuelta a la isla, aprovechando que se esperaba un día estupendo de sol, con en torno a los 20-25 grados.
Salí a las 8:00 de la mañana del Sábado 14 de Noviembre, tras proveerme de algunos croissants del buffet del hotel y no sin antes haber disfrutado del primer café de la mañana a eso de las 6:30. Hoy me dieron un Hyundai muy alegre de gasolina, en color negro y asientos de piel bastante decente, la verdad. No pude más que hacerle alrededor de 180km, casi sin darme cuenta, dándole una vuelta completa a la isla de Djerba, parando en los sitios programados, aunque como en mi es habitual, improvisando y decidiendo sobre la marcha nuevos descubrimientos sobre el terreno. Lo único que tenía en mente es que lamentablemente, debía de estar de vuelta algo antes de las 19:00, debido al toque de queda establecido por el estado.
Parada a echar algo de gasolina al depósito, unos 30dt-8€, de los cuales sobraron algo más de la mitad…compra de medicinas para la alergia, agua, ya que olvide cogerla del hotel y en marcha hacia mi barrio favorito de Djerba, donde cada vez que voy, descubro algún escondite o recoveco nuevo donde hacer alguna fotografía.
DjerbaHood





























St. Joseph Houmt Souk, Djerba
Como siempre que vengo, el tiempo parece detenerse y me llevo hasta las muy pasadas 10 de la mañana recorriendo las callejuelas de Djerbahood, y tras aprovisionarme con un buen café con leche o «Direct» como lo llaman los locales de forma literal junto a la marina de Houmt Souk, me traslade a ver la única Iglesia católica de toda la isla, en el centro de Houmt Souk, que lamentablemente, estaba cerrada al culto hasta el día 15 por motivos de la pandemia, con lo que me quede con las ganas de ver su interior.




Descubrimiento / Discovery







Pude descubrir una nueva tienda en una bocacalle que da a la Iglesia de St. Joseph, de artículos de decoración que regentaba una chica tunecina muy simpática, la cual menciono a lo largo de nuestra conversación, que haría una exposición junto a su marido en la ciudad de Paris, atrasada a 2021 por este dichoso virus. Sus precios, más europeos que tunecinos, aunque imagino que todo es ponerse a regatear.
Mezquitas
Y de aquí de nuevo al coche en busca de alguna mezquita, tomo la carretera del aeropuerto y entro en la zona más desconocida de la isla, con tramos de auténtico desierto, solo interrumpidos por las maravillosas vistas de sus playas de la zona oeste, muy poco transitadas en esta época del ano y en la que solo me encontrare algún que otro pescador y alguna que otra familia que los acompaña.
Por estas carreteras, casi no me cruzo con ningún vehículo o motocicleta, muy comunes en la isla, y la falta de vegetación es muy grande, faltando incluso los muy habituales olivos que hay por casi todos lados.
Y llegamos a la Mezquita de Sidi Jmour, donde no hay ni visitantes, tiene aspecto de estar cerrada o semi abandonada, por lo que no podré entrar a su interior, y me conformare con observar su aspecto exterior y sus increíbles vistas al mar Mediterráneo y playas, frecuentemente visitadas por los lugareños en los meses de verano.














Almuerzo
En este momento ya estamos en la mitad del viaje, hemos recorrido aproximadamente la mitad de la isla y nos disponemos a buscar un lugar para almorzar, previendo que la mayoría se encontrarán cerrados tanto por las fechas como por la inestimable ayuda del coronavirus dichoso y la falta de turistas, encuentro abierto un establecimiento, «Café Restaurant Coucher du soleil», el cual no dispondrá de una carta muy extensa, pero sí de unas bonitas vistas literalmente sobre el mar Mediterráneo, que hacen las delicias de la velada y su sobremesa y me permite tomar algo de color con el día tan bueno que hace, yo diría que incluso sobran algunos grados y eso que estamos en el mes de Noviembre y medio avanzado ya. Desde el restaurante se puede observar el barco o transfer que cruza los coches a diario desde el continente a la isla y viceversa.












Tras al almuerzo, me suele gustar estirar las piernas un poco y dar un paseo para bajar la comida, así que me desplazo a la siguiente parada en la Mezquita de Sidi Yati donde me encuentro un grupo numeroso de señoras acompañadas de sus hijos, disfrutando de un día en familia, rezo en el interior de la Mezquita y diversión en las aguas del mar. Me gustaría comentar que es común en la cultura árabe que los hombres y mujeres deban hacer el rezo de forma separada, incluso en zonas diferenciadas dentro de las Mezquitas. En esta zona de la isla, bastante tradicional, será difícil ver mucha gente en la calle y prácticamente imposible ver alguna mujer sin pañuelo alrededor de la cabeza en señal de respeto.
Para dicho paseo, me dispuse a proveerme de algunos frutos secos, que compre en un puestecito en mitad de «no sé dónde» realmente y donde curiosamente, me atendió un tipo de mediana edad, que solo hablaba la lengua de los ayatolás, y con el cual fue divertido tratar de entenderme. Gracias a Dios, la cuenta fueron 10dt con algún céntimos y ese número lo tengo entre mis aprendizajes del árabe.
Es divertido hablar con los niños y ver como se divierten, jugando en el agua, con solo unas botellas para coger peces y poco más que un balón, lejos de las maquinitas de video juegos e internet en que estamos metidos en nuestra vorágine diaria de consumo en los países occidentales. Y se les ve felices y risueños, sin pedir nada más que buen tiempo y que el día no se acabe pronto, para poder jugar un poquito más. Esto me hace acordarme de los míos y de lo mucho que se puede llegar a echar de menos a las personitas que te rodean.










Para terminar el día y completar la vuelta a la isla, me acercaré a la zona de «El Kantara» zonas con algunos restos arqueológicos esparcidos sobre el terreno sin tampoco mucha importancia o trascendencia, por lo que decido parar en “Port Aghir” a proveerme de una Coca Zero, ya que es uno de los pocos sitios en la isla que la tienen y de allí me iré a una de sus playas cercanas donde podré meter el coche hasta la misma playa para ver el atardecer y su puesta de sol escuchando algo de música en la radio en el único canal que he encontrado con música occidental, mayoritariamente en francés, ya que llevo todo el día con el móvil conectado por bluetooth a la radio del coche escuchando mi propia música y he dejado la batería agotada por lo que de aquí a mi vuelta estaré desconectado durante un par de horas, cosa a remarcar en los tiempos que corren y que parece una tragedia el no poder estar localizado, cuando a mí lo que me da es preocupación por no poder atender una posible llamada del trabajo, pero al mismo tiempo, libertad de saberme a solas, relajado y tranquilo, olvidándome de todas las penas de este mundo y disfrutando de todos sus buenos momentos, como este atardecer maravilloso.






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