Pues estaba yo en mitad de esta maldita pandemia, cuando se me plantea un viaje relámpago a Granada, una vez que estaban recién abiertas las limitaciones a moverse dentro de Andalucía.

El viaje en cuestión sería partir la tarde del 15 de Junio, tras salir ileso de la visita al dentista de mi amigo Leo, y llegar a Granada para la hora de la cena, hacer noche y disponer de la mañana del día 16 hasta después de comer, que volveríamos a Sevilla. Y ante la falta de cosas que hacer en Sevilla, cogí y me fui junto a mi acompañante. El viaje de Sevilla a Granada en coche dura unas dos horas, dos horas y cuarto y es bastante tranquilo todo por autovía.
Una vez llegamos, nos acomodamos en el hotel y nos fuimos al centro en busca de algún establecimiento abierto donde saciar el apetito.

Y aquí fue la primera vez (la segunda sería al día siguiente de visita por el barrio del Albaicín y largo paseo por los exteriores de la Alhambra, que lamentablemente no abriría hasta el día siguiente) que sentí algo de lastima de la falta de viandantes por las calles y de ver que la mayoría de negocios de hostelería permanecían cerrados debidos al covid, con lo cual pasear por la ciudad alrededor de las 9 de la noche, era casi como hacerlo a altas horas de la madrugada…
Al fin, encontramos un pequeño bar cuya especialidad era el jamón y los productos del ibérico y allí nos quedamos, degustando las variedades del mismo y destacando una pluma ibérica que nos supo a gloria, todo regado por una botella de Juan Gil de la DO Jumilla que estaba también muy rico.
Al acabar quedamos con unos colegas de trabajo de mi acompañante, que iba a Granada por ello y logramos encontrar un pequeño bar de copas abierto donde debíamos estar las 10-12 personas que había en la calle esa noche en Granada y donde pudimos tomarnos un par de cacharros de forma muy agradable. Y de aquí al hotel a descansar.
A la mañana siguiente madrugué, no se si por extrañar la cama, y aunque tenía el desayuno incluido en el hotel, era tan temprano que aún no habían abierto casi las calles, por lo que me fui dando un paseo al centro histórico de Granada, que estaba a escasos 10 minutos y, tranquilamente, localicé primero una farmacia para encontrar algo para la ardentía de estómago debido a la suculenta cena de la noche anterior, (bueno también por las dos copas), y seguido traté de localizar un lugar donde poder tomarme un buen café con alguna tostada con aceite de oliva virgen extra y jamón ibérico de bellota y ante la dificultad de encontrar algún lugar en condiciones, seguí la recomendación que me dio la amable farmacéutica y para mi sorpresa, acabe en el mismo bar del producto ibérico donde habíamos cenado la noche antes y que debía ser de lo poco que había abierto en todo el centro de Granada.
Tras un buen y abundante desayuno, me dispuse a seguir paseando por Granada y aunque sabía que la Alhambra, maldita mi suerte, permanecía cerrada por el coronavirus hasta el día siguiente, me fui camino del barrio del Albaicín, preparándome para las cuestas que me esperaban.
Pasear por el Albaicín es simplemente maravilloso y sus vistas de la Alhambra, la ciudad de Granada y Sierra Nevada son simplemente increíbles.
Una vez llegue al Mirador de San Nicolas, hice una parada para recuperar fuerzas de la subida y para tomarme un refrigerio y aceptar las tapas que te sirven con cada bebida, como es típico en Granada, así que con ello prácticamente me di por comido y continué mi visita, esta vez cuesta abajo disfrutando de los recovecos del Albaicín y las magníficas vistas que te ofrece en cada esquina, para luego recorrerme el perímetro exterior de la Alhambra, empezando por la cuesta del Darro, cruzando el puente y siguiendo la ruta que tomo Boabdil, apodado «El Rey Chico» en su huida hacia el Albaicín en 1.482, llamada «Cuesta del Rey Chico» o «Cuesta de los Chinos» para encabezar la rebelion que se estaba gestando contra su propio padre y de la cual teneis mas detalle en las fotos al final de este articulo.
A lo largo de mi paseo por el Albaicín y por la Alhambra no exagero si os digo que me encontré no más de 4 personas/turistas, una familia al subir el Albaicín y un chico con una mochila al comenzar mi paseo bordeando la Alhambra, lo cual aunque placentero ya que parecía que era todo unicamente para mi, también me producía inquietud y algo de lástima, sobre todo pensando en los comercios y empresarios y el sufrimiento que han de estar pasando con toda esta maldita pandemia.
Y de aquí, llegue a Granada centro de nuevo, desde donde paseé observando, esta vez si, las numerosas tiendas que había abiertas, y parándome en algunas que llamaron mi atención, destacando entre otros, un pequeño establecimiento que ofrecia tés, uno chiquitin de lectura y una tienda de ropa para hombres en la que me gustaron algunas cosillas de la zona casual. De todas ellas tambien teneis detalle fotográfico mas abajo.
De vuelta al hotel, cafelito ☕️ de camino y para Sevilla, acabando mi visita relámpago a la ciudad de Granada, a la cual, nunca me canso de volver cada vez que puedo por su increíble belleza y sentimientos que en mi despierta.















































Si que lo es Blanca, gracias!
España es hermoso!