¿Dónde disfrutar de la mejor gastronomía en La Habana?
En el corazón del Vedado, en La Habana, descubrí hace ya algún tiempo un rincón que combina lo mejor de la gastronomía con el arte y la cultura vibrante de esta ciudad caribeña. Junto a la emblemática Fábrica de Arte Cubano (FAC), un espacio singular que se ha convertido en epicentro cultural de la capital cubana, disfruté de una velada inolvidable en un restaurante que destaca por su ambiente y propuesta culinaria.
Situado sobre una terraza a la que hay que acceder a través de unas largas escaleras, como es común denominador en esta bendita ciudad, te sorprende de forma positiva, por lo distinguido del lugar, una iluminación cálida y cuidada, una decoración que mezcla elegancia y sencillez, y una vegetación exuberante que le daba un toque especial. Era de noche, y el entorno invitaba a relajarse y disfrutar.




Calmé la sed de la subida con un trago de Aperol Spritz, refrescante cóctel de origen italiano a base de Áperol, muy parecido a los más conocidos Campary o Cynar, aunque algo menos amargo, algún vino espumoso, como el cava o el prosecco y un sorbito de agua con gas o soda y siempre decorado con una rodajita de naranja. Su sabor ligeramente amargo, equilibrado y fresco fue el comienzo perfecto.

Me acomodaron en una mesa tranquila en un lateral, fuera de la zona central, cubierta con una especie de pérgola o toldo. Desde allí, pude observar cómo el lugar se llenaba de vida: conversaciones animadas, risas y, por supuesto, mucha música cubana.
El servicio fue muy atento, estando pendientes de cada detalle, pero sin llegar a agobiar.
La carta, no es muy extensa, pero con un surtido de productos que una vez conoces el contexto de país y sus enormes carencias o dificultades de aprovisionamiento, te parece más que correcta y en concordancia con los precios de restaurantes top en cuanto a calidad de la Habana, como Arrecife, Ecléctico o Fangio.

La propuesta gastronómica
Comencé con un ceviche peruano al estilo local, acompañado de cebolla morada y nachos. El pescado, perfectamente macerado, tenía un sabor fresco y equilibrado. También probé unas tostas con tartar de atún crudo y sésamo, bien elaboradas y con un toque de frescura.
Como plato principal, elegí el Cordero, quizás como recuerdo de Túnez, país árabe del norte de África, en el cual viví casi cinco años y donde el Cordero es uno de los platos más típicos o tradicionales que, además de tierno, estaba jugoso y lleno de sabor y la Langosta grille (habitual en el caribe, al contrario que en España, donde se consume más el Bogavante), bien presentada y con un sabor delicado.
De postre, Tarta de queso (aquí en Cuba lo llaman «cheesecake», nunca entenderé el uso masivo de los anglicismos en países de habla hispana) y un postre de Chocolate, cuyo nombre no recuerdo pero que te hacia la boca agua.






Un final para recordar
Para terminar la velada, no podía faltar un buen habano. Elegí un Montecristo Leyenda, de fortaleza media-fuerte, acompañado de un Ron Santiago 11, con el que marida de forma extraordinaria. En resumen, sofisticación, tradición y placer en su máxima expresión.

Arte y música en la Fábrica de Arte Cubano
La noche no terminó ahí. Acabada la cena, Fábrica de Arte Cubano, espacio multidisciplinario que reúne exposiciones de arte, música en vivo y danza y lugar icónico y singular de La Habana. Allí, disfruté de un concierto que evocaba clásicos de los años ochenta, con canciones de artistas como REM y David Bowie.
Fue una velada mágica, en la que la gastronomía, el arte y la música se fusionaron para ofrecerme una muy buena experiencia en La Habana. Si visitas esta ciudad, no dejes de explorar este rincón en el Vedado: el restaurante, la Fábrica de Arte Cubano y, sobre todo, el espíritu de esta tierra que nunca deja de sorprender.
Nos leemos…





